By Silvia

Si te admira, huí

Esta es otra de mis prioridades, huir de quien dice admirarme.

Wauw…qué soberbio suena, no?

Estoy segura que muchas y muchos de ustedes pensarán “esta mina está re chapita, realmente le saltó la térmica”… en parte tienen razón je je.

Y si, tengo que estar de acuerdo -en algún punto- con quien piense así, de lo contrario sería desconocer el efecto de los mandatos sociales que día a día nos taladran que debemos perseguir el éxito, que a su vez nos garantizará felicidad, amor, dinero, wara, wara y todo eso viene acompañado de la “admiración”, un bonus track, sinónimo de respeto, aceptación y valía social. Qué tul, una verdadera topetitud y alguien que te diga que huyas de eso es sólo porque está chapa. Hasta ahí estamos de acuerdo.

Sorry, me convertí en alfiler pincha globos

La admiración es otro de los grandes espejismos con los que crecemos y que debemos deconstruir. Provoca mucho daño, es tan pero tan ladina y vil que lo hace gota a gota, despacito, se toma su tiempo. Al principio es imperceptible, después se asemeja a un dolor cervical, luego pasa a ser una hernia de disco y al final, si no lo detectas a tiempo, puede convertirse en una osteoporosis severa y chau tu esqueleto…no, gladiadoras y gladiadores de la vida, no es mi historia clínica, es una comparación con dolencias que casi todas/os conocemos, solo pa´graficar mejor.

¿Porqué es tan, pero tan nociva la ansiada “admiración”?

Puffffff…porque agota, te lleva a límites inimaginables. Con tal de satisfacerla cruzas fronteras que ni sabías que existían y cuando crees que llegaste te das cuenta que no, que es sólo un nuevo principio recargado. Porque la persona que te admira, y no importa si es genuino o verso, porque el daño que provoca es el mismo, pone sobre tus espaldas, sobre todo tu ser, SUS EXPECTATIVAS sobre vos y no hay nada más agotador ni frustrante que tratar de cumplir con esas expectativas, que no son tuyas, son de la otra persona.

Al principio puede resultar seductor, hasta halagador diría, que alguien diga admirarte (ni te cuento si hay sex-appeal) pero con el correr del tiempo puede ser la cruz más pesada de llevar. Por ejemplo, si te dicen que te admiran porque te ven como una persona fuerte que puede con todo…cagaste, nunca jamás vas a poder pedir ayuda. Tenes vedada la posibilidad de necesitar, mostrarte vulnerable, o decir “no puedo”.

Ni te cuento, si dicen admirar tu capacidad de entrega con las/los demás (hijes, padres, pareja, sociedad o cuanto ser que camine y respire) pero un día empezas a darte cuenta que la persona que más necesita tu atención sos vos misma…epa epa…vas a caer del pedestal estrepitosamente por ombliguista.

Ni hablemos de la humana posibilidad de equivocarte o no estar “a la altura de lo que proyectan” en vos…arderás en la hoguera, y no por bruja precisamente.

Comprar la mirada o idea que el afuera suele tener de nosotras/os es muy fácil, más cuando es algo épica, a quién no le gusta que le digan que es inteligente, tenaz, buena madre (miel para nuestros oídos) o buen padre, imprescindible, que siempre está al pie del cañón, que es capaz de enfrentarse a los monstruos marinos para defender a su tribu…okey, ahí creo que exageré un poco che. Pero esa idea del afuera hay que sostenerla, entonces le dedicamos energía y tiempo (valiosísimo), perdiendo  perspectiva de lo importante, que sólo se vive una vez y que la opinión más valiosa sobre nosotras/os es la propia.

Por eso, cuando alguien te diga como carta de presentación “no sabes lo mucho que te admiro” vos corre, corre rápido y mientras corres repetí “no busco quien me admire, quiero que me acepten como soy”.