By Silvia

Acababa de decretarse la cuarentena, estábamos paniqueadxs, encerradxs en nuestras casas, con una mezcla de incertidumbre, miedo y preocupación pero con pizcas de adrenalina por ser protagonistas en esta gran, gran, inmensa aventura transformadora que toca transitar a la especie humana, cuando mi locológo (forma en la que bauticé a mi terapeuta) me insta a hacer una lista con mis prioridades.

What!!! El mundo se viene abajo y yo tengo que ocuparme de esa boludez! Quién necesita hacer una lista para identificar sus prioridades! Qué onda wey, mi locura no califica para algo mas rebuscado o interesante! Esos fueron algunos de mis pensamientos, abusando del hermetismo de mi cabeza. Con cara de póker respondí “okey…okey…la preparo para la próxima sesión”.

Me desconecté -mis sesiones ya eran por facetime- y, revoleando los ojos, con un fastidio evidente me dije “bueno, mientras hago la cola en el super, con barbijo y distancia social, preparo su listita”. No tenía idea de lo que se venía.

Dicho y hecho, fui al super y entre las góndolas de lavandina y detergentes me dispuse redactar cuales eran mis prioridades. Él había hecho mucho énfasis en “las tuyas Silvia, sólo las tuyas” y mientras lo decía yo pensaba “¿y de quién más van a ser?”. No saben el baldazo de realidad que comencé a experimentar.

  1. Que mamá no se contagie
  2. Que mis hijxs no se contagien
  3. Que a ninguno le falte nada
  4. Que estén tranquilos
  5. Que mi hijo que vive muy lejos esté bien
  6. Que ese hijo no se sienta solo
  7. Mi pareja
  8. La política
  9. El trabajo
  10. Los estudios
  11. Salud
  12. Plata

Todo era en función de otrx, porque hasta la salud y la plata eran pensados en función de tener salud para trabajar y así garantizar a hijxs o madre todo, absolutamente todo. Cuánta soberbia, no? A lo que hoy agrego ¡Cuanta pelotudez!

Al transcurrir los días, y ante mi evidente incapacidad de hacer una maldita lista, comencé a darme latigazos, onda flagelación (algo muy recurrente en mí), entonces me dije “claaaaaaaro ahora la señora se va a dar con un caño, se va a arrastrar por la senda de la victimización, echará culpas a su alrededor y se auto convencerá que hizo y hace todo bien”. No mi ciela, ya lo viste, ahora te jodes.

Pero, ¿qué vi? Aunque la pregunta correcta sería, que no vi.

No me vi en ninguna de esas prioridades, de echo, no terminaba de entender qué es una prioridad. Se supone que no hay nada ni nadie más importante que lxs hijxs, la familia, la salud, el amor y el trabajo….ahhh, casi me olvido, y la paz mundial…mi faceta Mis Universo, je.

Si bien eso califica, no es cierto.

En mi lista, estaban las prioridades de la hija, madre, pareja, militante, trabajadora y hasta de estudiante, pero no estaba yo.

Cumplir roles, expectativas y mandatos no nos identifica ni determinan nuestras prioridades, sólo son roles, nada más y las personas somos mucho más que un rol.

Como me hice consiente de eso, ya no pude dejar de buscarme…si, comencé la búsqueda más apasionante de mi vida, determinar, sin presión o imposición del afuera, mis prioridades.

En el top ten de MI lista, está el recibirme de abogada, me falta una materia! Pero, además de estudiarla, porque la voy a rendir libre, la disfruto, esa es mi prioridad! No quiero perderme un segundo del mágico proceso de dejar de ser estudiante para, por fin, ser abogada. Me permito perderme en los libros, ver videos, escuchar clases y maravillarme al darme cuenta que amo mi carrera, que no me equivoqué, que valió la pena, que agradezco cada momento, los nervios en los exámenes, las frustraciones al desaprobar, la alegría inmensa al ver un 6, lxs amistades que hice y conservo, el sentido que encontré, desde otro lugar, a mis convicciones.

Wuaw…me maravilla todo lo que pude empezar a disfrutar cuando decidí hacer de eso mi prioridad…y esto, recién empieza.