Estaba cercana a cumplir los 47 años, era – si mal no recuerdo – marzo de 1994.

Tres hijos ya grandes, tiempo disponible y una urgente “necesidad”, palabra muy Taurina -soy de Tauro- para hacer “algo más con mi vida”.

Pensé, con una coherencia que luego pude ver plasmada en mi propia Carta Natal, que podría estudiar: bailarina flamenca, administración de empresas  o astrología. 

Desciendo de una abuela que nació en el Sur de España – Ana-  mezcla de Gitanos y Moros, que cuando yo  era niña la veía leer las manos de quien lo solicitara. Por lo que leer otras lenguajes  ya corría desde siempre por mis venas.

Después de hacer el estudio de mercado correspondiente – insisto soy de Tauro- me pude plantear que :

*Para bailarina flamenca famosa, pisando los 50 años, quizás las rodillas no me iban a dar.

*Para administración de empresas tampoco.  Cuando me recibiera iba a ser bastante grande, mis posibilidades de ser contratada iban a ser limitadas. 

Y decidí:  voy a ir a aprender Astrología,  porque una astróloga “de cierta edad, con una historia de vida y un recorrido en años, quizás, quizás, puede dar tranquilidad al que consulta”, sin saber -aún- que en realidad este camino de otros lenguajes, de intuiciones, sueños, de compasión por el otro, de servicio, no solo estaba en mi sangre sino también en mi destino de Ascendente en Piscis .

Y así comenzó nuestro amor, la Astrología y yo. Un amor de 20 años. Un Amor sin retorno, “sin vuelta atrás” como decía uno de mis profesores. 

Alguien me dio un dibujo, que era una “ foto” ( mi Carta Natal), del dibujo que estaba en el cielo en el instante y lugar en el que yo había nacido. Ese instante mágico cuando el cielo y la tierra se encuentran y sucede -nada mas y nada menos- que  el nacimiento de una persona. 

Y así descubrí, en realidad, me encontré con los Planetas, la Luna, el Sol, el Ascendente, las Casas, con las relaciones entre Planetas, polaridades, Nodos, Kirón.  ME ENCONTRE CON EL CIELO, re descubrí el cielo y mi vida comenzó a organizarse desde ahí. 

Una Carta Natal, es un mapa de ruta, nuestro mapa de ruta. Si sabemos hacia donde nos dirigimos probablemente nuestro viaje de vida, podría -quizás- llegar ser mucho mas relajado. Porqué no? .

En el transcurso de mi vida conocí maestras y maestros que me transmitieron, y lo siguen haciendo, conocimientos y formación. También a mujeres “ hospedadoras”, palabra tan reciente y que se ajusta a este preciso momento del nacimiento de Henryka, donde el hospedar pasa por compartir momentos y oportunidades. 

En este círculo virtuoso, lleno de energías, sólo resta agradecer al Universo por la posibilidad de juntarme con ustedes, con todas y todos, para hablarles del cielo . 

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