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Marta Ferreira, “la mujer misionera y la mujer funcionaria está haciendo magia, maravillas con nada”

Julia Wall

Bajó corriendo del auto, esquivando las piedras de hielo que azotaban la tarde posadeña. Ni la lluvia, ni el granizo, ni el corte de ruta, impidieron que la ministra de Agricultura Familiar, llegara a tiempo a nuestra cita.

Conocimos de cerca a esta mujer de decisiones firmes, que llevó los hábitos en otros tiempos y hoy mantiene sus convicciones con templanza desde una posición de poder.

Henryka: ¿Qué te llevó a ser monja?

Marta Ferreira: Mi familia estaba muy vinculada a la iglesia.  Mi papá era albañil y se dedicó a construir capillas, entonces el vínculo era muy natural. Cuando venían las monjas yo las miraba de lejos y sentía como que algo me atraía, pero era muy tímida, muy tímida, terriblemente tímida. Fue una etapa muy bonita, muy bonita. La recuerdo con mucho cariño ¿qué es lo que me llevó en el fondo? El servir al que menos oportunidades tuvo en su vida. Vengo de una familia muy, muy humilde. Vivimos todas las dificultades de las crisis. Mi mamá lavaba ropa, cosechaba té, yerba, lo que sea. Cría que solamente desde la vida religiosa iba a poder servir al que menos tenía, al humilde.

Henryka: ¿Qué herramientas lograste con esa experiencia, que aún hoy uses?

Marta Ferreira: Fortaleció mi sensibilidad, mi capacidad de ver, de mirar y ver, de hacer varias cosas a la vez, que es un poco característica de la mujer. También nació en mí esto de vincularme con la chacra, con la huerta, porque en mi paso con las monjas íbamos rotando de actividades y me tocó hacer el trabajo de la huerta y yo no sabía. La monja me mandó a buscar pasto elefante para dar de comer a los cerdos y yo vine con una carretilla repleta de maíz. Había arrancado las plantas de maíz tiernas, de raíz y venía con la carretilla, cansadísima y feliz porque pude sacar de raíz. Y cuando me vio la monja me dijo: ¿Qué hiciste? Y yo no sabía. ¡Ahí nació mi vínculo con la chacra!

«la burocracia no acompaña los procesos y en este caso las necesidades, que son para hoy y no para dentro de tres meses»

Henryka: ¿La burocracia termina siendo un palo en la rueda en la labor cotidiana?

Marta Ferreira: Sí, porque estamos viviendo un tiempo muy dinámico, un tiempo líquido y la burocracia no acompaña este ritmo más ágil que tiene la sociedad en su conjunto. Entonces sí, me parece que no acompaña los procesos y en este caso las necesidades, que son para hoy y no para dentro de tres meses. Eso dificulta mucho.

Henryka:  Como dirigenta política, ¿qué vuelta de rosca crees que hay que darle al Estado, para que la burocracia no relentice estas respuestas inmediatas que hacen falta?

Marta Ferreira: A ver, el Estado sí debería ser transformado. Me parece que las instituciones públicas deberían ser llamadas al momento que estamos atravesando desde lo que es el teletrabajo, desde lo que son sus horarios. Nuestra ley de administración pública, por ejemplo, es una ley muy antigua que no se ajusta tampoco a la realidad. Tiene muchas exigencias y a veces esas exigencias nada tienen que ver con el resultado del trabajo. Entonces, me parece que nuestras instituciones deberían trabajar por resultado, hacer un mix entre presencialidad y teletrabajo, sin perder ese vínculo de cercanía y de contacto directo con el o la otra.

«veo el rol de la mujer, la presencia de la mujer en la política como muy débil, quizás porque nos faltan más oportunidades»

Henryka: ¿cómo ves posicionada a la mujer dentro del sistema político?

Marta Ferreira: La veo débil desde la mirada de otros. Hay muchas imágenes repetidas, que se repiten casi cotidianamente de varones y a veces, aparece una mujer.  Veo el rol de la mujer, la presencia de la mujer en la política como muy débil, quizás porque nos faltan más oportunidades, que nos den más oportunidades de espacio. Y no estoy hablando de cargos ni de nada que se parezca, digo espacios. Las mujeres tenemos mucha capacidad y tenemos mucho para dar pero no siempre aparecen esos espacios. ¿Yo qué hago? Genero esos espacios, porque siento que es mi responsabilidad, que es mi deber en este momento de la historia que estoy viviendo, dar todo de mí. Hemos hecho la Escuela de Formación de Agentes Municipales, la Escuela de Campo, la Formación de Facilitadores Territoriales en la soberanía en el medio ambiente; los Guardianes del Planeta y salimos a dar charlas a las escuelas. Entonces, creo que, si bien el rol de la mujer aparece debilitado, también es nuestra culpa, ¿no? Sino ver qué podemos generar nosotras para movilizar y para que otros también puedan observar y despacito nos empiecen a llamar.

Henryka: ¿Por qué crees que cuando se hablan de recambio o posibles propuestas, las mujeres pareciera que no existieran?

Marta Ferreira: Los varones tienen otra dinámica. Se juntan a comer un asado y ahí dialogan y definen cosas. No tuve muchas oportunidades de estar en el asado, pero a mí me gustaría poder sentarme, tomar un mate o que me llamen y que me pregunten ¿Qué pensás de esto?, ¿Qué propuestas tenés?, ¿Cómo lo ves? Eso no sucede y creo que es importante que suceda.

«no tuve muchas oportunidades de estar en el asado, pero a mí me gustaría poder sentarme, tomar un mate o que me llamen y que me pregunten ¿qué pensás de esto, qué propuestas tenés?»

Henryka: ¿Por qué creés que las mujeres no tienen visibilidad?

Marta Ferreira: ¡Si tenemos visibilidad! Tal vez, no con la fuerza que se necesita para que esa visibilidad tenga la envergadura que tenga que tener. Nos cuesta mucho ser compañeras. Hay mucha competencia. Se acepta poco el pensar distinto. Ese espacio que podría ser tan enriquecedor, termina muchas veces generando conflictos, dividiendo, no entendiendo y debilita.

Henryka: ¿Qué creés que hay que hacer para que las mujeres políticas estén más visibles?

Marta Ferreira: Imagino que una especie de encuentro, de congreso, de conversatorio, pero donde podamos decirnos las cosas con absoluta sinceridad. Despojado de todo. Pensando en el bien de la comunidad y pensando, con absoluta humildad y sinceridad, en que necesitamos que las mujeres se posicionen y pongan al servicio de la comunidad. Mostrar de lo que somos capaces en la chacra, en la colonia, en la ciudad, en distintos ámbitos académicos, donde sea. Mostrar lo que hacen, para saber dónde están y su potencialidad. Un encuentro que tenga un objetivo claro y donde todas podamos tener voz y construir una propuesta que pueda ser elevada: las mujeres misioneras políticas queremos esto y estamos dispuestos a esto otro. ¿Qué hacemos hoy las mujeres políticas? Hacemos miles de cosas con nada. La mujer misionera y la mujer funcionaria está haciendo magia, maravillas con nada. Y me parece que ese es el gran reto de este momento.

Henryka: ¿Cómo es vivir en Santa Ana?

Marta Ferreira: Ahí construimos nuestro paraíso, nuestro mundo. El mundo de mi familia. Es ese lugar que me permite la conexión con el todo, con la naturaleza, de donde me nutro, donde encuentro fuerza, energía.

Henryka: ¿Cómo te llevas con el paso del tiempo?

Marta Ferreira: ¡Qué pregunta!  Hace 22 años que estoy en esto. Me miro y digo, no, no puede ser. ¿Cómo lo vivo? Lo vivo bien, lo disfruto. Trato de tener salud, para hacer lo que tengo que seguir haciendo.

Henryka: ¿Cuáles son tus principales logros como ministra de Agricultura Familiar?

Marta Ferreira: Podría decirte que es la toma de conciencia del ciudadano misionero sobre la importancia de cultivar sus propios alimentos y si no puede cultivar sus alimentos, comprar alimentos de agricultores familiares. Ese concepto profundo que empecé a introducir cuando comenzamos a estudiar como organismo, que es la soberanía alimentaria. Poder visibilizar al agricultor y reconocer que fueron ellos los que dieron el primer paso, para ser reconocidos en su rol e importancia en toda la provincia.

Henryka: ¿Qué satisfacción personal te da el cargo?

Marta Ferreira: Los sellos son de goma, ¿no? Cuando estuve como monja, yo pensaba que solamente desde ese lugar y en ese momento, era posible dedicar mi vida al servicio de los que menos tenían, para poder transformar sus realidades. Cuando me llamaron para trabajar en el Estado, descubrí que el hilo continúa, que es servir y en este caso, a los agricultores más pequeños. Mi línea de trabajo y de vida es continua. Así que me siento una servidora más. Nada más.  

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