cropped-Magazine-Henryka-Logo.png

Gisela Spaciuk: “Se hace ruido porque sino no nos escuchan”

Julia Wall

Feminista que ocupa espacios de poder y decisión en el ámbito académico. Es la actual secretaria general académica de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM). Durante ocho años fue decana de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales y antes de eso, fue vicedecana por dos años en la misma institución. Enérgica y alegre compartió su visión sobre el rol de la mujer en la política.


—¿Por qué creés que desde las organizaciones feministas no se toma la lucha de las mujeres en la política como una causa propia? 

—No hablar del tema o no ponerlo como parte de la agenda, no quiere decir que esas omisiones no estén dando cuenta de cómo hacemos política. En ese caso, para mí la omisión es parte de la acción. Creo que en algún momento los movimientos se plantearon claramente como parte de la estrategia, marcar su separación de lo político, pero no separación arbitraria, sino pensada como parte de la estrategia. Nosotras somos diferentes a los políticos con los que tenemos que confrontar, disputar, pedir o incidir. Parte de nosotras piensa que llegó el momento de pensar claramente una estrategia para que mujeres que son feministas lleguen a los puestos de poder.


—En qué se diferencia una representante del feminismo de otra organización?
—En que las mujeres que llegamos tenemos un compromiso ético-político, de sororidad con las otras, de pensar dentro de la agenda, la transformación en clave de género. Sino, tampoco tiene sentido que sólo lleguemos por llegar. La idea es que lleguemos y le demos una impronta a la política, de hacer de otra forma política, que son las formas del feminismo.

—¿Cuál es la impronta del feminismo?

—Cuando nosotras decimos “la sororidad”, no es solo un slogan, es claramente toda una matriz de sentido de cómo tenemos que vincularnos, solidariamente, colectivamente, cooperativamente. Y cómo llevamos eso de la política que, hecha desde los varones, es una política de pactos y de acuerdos, a veces demasiado pragmáticos y que a la vez es de individualidades. Tienen historia en eso, ¿no? Pero, es nuestra obligación preguntarnos ¿qué pasa con las condiciones de vida un gran número de mujeres que no acceden a los derechos conquistados por el feminismo? Un ejemplo de esto son los derechos sexuales y reproductivos, la despenalización, la participación política, entre otros tantos.

—¿Cómo avanzar en eso?

—La política no son solo las bancas, sino que son todos los intersticios de los espacios de las instituciones, desde la dirección de una escuela hasta el decanato de una facultad, una secretaría de un rectorado, un ministerio o la coordinación de un grupo en la dirección de una radio. Las mujeres llegamos, pero todavía nos falta un montón para sostenernos entre nosotras, para ayudarnos entre nosotras. Pero claramente estamos lugares de poder en esta provincia. Hemos llegado a un montón de lugares de poder y desde ese lugar, si fortalecemos la red, seguramente haremos muchas más transformaciones para nosotras, no? Colectivamente hablando, no en términos individuales, que es por ahí lo que caracteriza una forma de hacer política y de construcción más varonil, más patriarcal.


—En 45 años de historia de la UNAM, por primera vez es una mujer la rectora. ¿Por qué este cargo estuvo destinado solo a varones por tanto tiempo? 

—Bueno, el sistema universitario, nuestra universidad en particular, no escapa a las generales de los procesos sociopolíticos y a las matrices estructurales patriarcales, no? A veces uno piensa que la universidad es como un espacio, un reducto privilegiado en donde no pasan las cosas que pasan afuera. Por eso es que durante tanto tiempo hubo varones al frente de la universidad, como pasa en el resto de los espacios de toma de decisión, de poder y de política. Alicia (Bohren) es hoy reelecta como rectora para un segundo mandato, igual que otras mujeres dentro del sistema universitario. Y eso da cuenta de que algo está cambiando. No hubiera sido posible, si dentro de esas matrices estructurales de nuestra universidad y del sistema universitario en general, no se hubiera movido algo de esas bases patriarcales. Eso categóricamente es un indicador de que algo está pasando, que vamos caminando en una transformación positiva a favor de nosotras las mujeres.

—¿Al feminismo sólo le importa las conquistas para las mujeres?

—Lo del feminismo y lo de los derechos de las mujeres no es solo pensar en nosotras, es pensar en cómo se democratiza la sociedad, el mundo que vivimos, las instituciones que habitamos y cómo hacemos posible mayores niveles de esto, que no tenga que ser el sexo o el género lo que te obstaculiza o te facilita llegar a determinados lugares. Entonces, es pensar una sociedad mejor, más justa para todas, para todos y para todes, hoy también, no? 

—¿Hay menos resistencia dentro de los ámbitos académicos que en el político al acceso de la mujer a espacios de poder?

—Dentro el sistema universitario las cosas no pasan por casualidad. Las mujeres hemos decidido tomar las riendas y elaborar estrategias de trabajo dentro del sistema universitario. Así surge la Red Universitaria de Género, que fue promovida desde grandes exponentes del feminismo como Dora Barrancos, entre otras. Surge y se arma fuera de las universidades y después se institucionaliza en el Consejo InterUniversitario Nacional como para ir sabiendo que necesitamos un espacio en donde converger para potenciar los esfuerzos que eran individuales o de grupos, adentro de las universidades a lo largo y a lo ancho del país. A partir de ahí, hoy existe ya, un foro de rectoras y vicerrectoras, que empiezan a trabajar estos aspectos en pos de que podamos tener políticas con perspectiva de género, o transversalizar la mirada de género, para que más mujeres puedan moverse en el mundo universitario sin tener que cargar con el sayo de ser mujer, como pasó durante tanto tiempo. 

—¿Dónde se nota más los avances y dónde la desigualdad?

—Un indicador en el tema universitario, es la cantidad de mujeres que pueden ingresar, inclusive a carreras que eran propiamente feminizadas. Hoy medicina, arquitectura, ingeniería tienen más del 50% de población estudiantil femenina, y también de graduación. Ahora, cuando uno mira las mujeres que ocupan puestos de poder, claramente otra vez, el indicador estadístico es inversamente proporcional. ¿Qué está pasando? Bueno, nos pasa que somos mujeres y que las tareas de cuidado siguen siendo imperativas para las mujeres. Entonces tenemos que hacer como si fuera una cuestión personal, ¿cómo nos organizamos y resolvemos obstáculos de la vida cotidiana, para poder ser madres, profesionales, estudiantes, profesionales, hacer carrera? El CONICET, por ejemplo, ya no pone más una edad tope para el ingreso. Antes tenía esa edad tope, y a las mujeres les afectaba terriblemente, porque se vinculaba justo con los años, en lo que las estadísticas mostraban que las mujeres teníamos hijos. La denominada edad fértil. Entonces, dentro de sistema universitario hay rupturas categóricas, pero también hay persistencia de una serie de obstáculos que siguen impidiendo que fluya la posibilidad hacer carrera, en idénticas condiciones que los varones.

—¿Qué hace falta en la UNAM para que haya más equidad? 

—Para que haya más equidad claramente hay que tomar definiciones políticas. La definición política es la voluntad de quién está en el poder o de los que están en el poder, de avanzar en la equidad de género. Con Alicia al frente y otras mujeres en los puestos de poder y con el acompañamiento de los varones, porque el Consejo Superior ha votado muchas de estas cuestiones, no es que estamos solas, hemos logrado que entiendan. No es que todo está resuelto ni todo solucionado.

—¿Cuáles fueron tus principales logros como decana de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, en ese sentido?

—Muchos me dicen, “lo tuyo fue un decanato de puertas abiertas” y si uno lo piensa en términos etnográficos, que significaría eso, es que el funcionario no esté sólo para escuchar, sino gestionar respuestas a los problemas que se nos van planteando. Y cuando no podés gestionar la respuesta, avisar, hablar de por qué no se puede resolver en ese momento algo. La fluidez en la comunicación y decidir, hay que decidir. Sabiendo que uno no conforma a todos y sabiendo que siendo mujer, cuesta mucho más conformar a todas o todos, entendiendo que se está más expuesta a las críticas y los cuestionamientos, que a veces no se basan en la decisión que tomaste, sino en que sos mujer. Entonces te empiezan a cuestionar. Pasa con nuestra actual vicepresidenta, no? Expresidenta de los argentinos y con un montón de otras mujeres a las que se le cuestionan, porque se les mira desde los prototipos de lo que todavía se cree que tiene que ser una mujer.

—¿Las mujeres son más cuestionadas?

—Una mujer que tiene poder y que lo ejerce más o menos participativamente, es siempre cuestionada y hay que bancarse eso. La red de contención y la sororidad es clave, sino, una no sobrevive en estos espacios. No es que pensemos todas iguales, no es que estemos todas adentro, no es que coincidamos siempre, pero sí creo que está, aún con las diferencias, la posibilidad de debatir y de saber que nada pasa por casualidad y que la universidad no se va a hacer más equitativa, si no estamos nosotras monitoreando que eso suceda y garantizando la participación nuestra en los espacios que nos correspondan de los cuerpos colegiados, las direcciones de las carreras, del Ejecutivo.


—¿Qué hay que hacer para formar profesionales con perspectiva de género? 

—Hace falta una reforma estructural de todo el sistema educativo. Y no son solo las universidades. Pero bueno, eso es una aspiración de deseo, como cuestión más práctica y concreta en términos de cómo se construye la viabilidad para formar profesionales con equidad de género, también dentro de los lineamientos del Consejo Universitario de la Red Universitaria de Género, uno de los componentes es eso, cómo avanzar a que los planes de estudio, la producción de conocimiento y la extensión estén transversalizadas por una mirada de género. La educación sexual integral y la ley Micaela, son las herramientas que tenemos desde las cuales pudimos empezar a trabajar, en principio la apertura de espacios de formación, porque eso lo establece la ley Micaela. 

—¿Cómo ves el rol del Ministerio de la Mujer de la Nación? 

—Bueno, en principio, celebro que hemos podido tener un espacio para ocuparse de la definición y la acción de políticas vinculadas a las cuestiones de género, que no son solo de mujeres, sino de género y diversidades. Es la clave, es bastante más integral en el marco de lo que son las legislaciones argentinas también. Y desde ahí, bueno, creo que todavía tenemos muchísimo por hacer. Creo que todavía no valoramos suficientemente y no nos apropiamos de ese espacio, desde las bases como para poder acompañar a las compañeras que están ahí y a expandir los lineamientos que hasta el momento han podido instrumentar en materia de acciones y de política de género de ese ministerio. 

—¿Hay algo más que quieras agregar?

—Ninguna de las que llegamos, llegamos por casualidad. Claramente llegamos porque hay otras que estuvieron antes peleando por estos mismos derechos desde la primera, segunda, tercera ola, del feminismo. Si nosotras no tenemos el acompañamiento de la compañera, si no hubiera habido movilización desde los sectores estudiantiles y desde otras referentes docentes, como pidiendo el protocolo, seguramente no hubiera sido tan sencillo para mí o para un equipo plantear, dentro de la agenda de política, que exista un protocolo en la universidad. Se movilizan las bases, se hace ruido y el ruido no se hace para romper, porque sí, caprichosamente. Se hace ruido porque si no, no nos escuchan. Y al hacer ruido, también aparecen temores, es decir, eso es hacer política, aunque pareciera que no estamos haciendo política y hay que empezar a hablar de ese hacer política, porque estamos haciendo política, por acción o por omisión. Y en ese ruido que hacemos adentro de las instituciones, en las calles, en los barrios, estamos haciendo política y tenemos que poder capitalizar más ampliamente para que más mujeres lleguen a los cargos de poder con esta perspectiva.

relacionados

¿Hay racismo en Argentina?

En nuestro país se extendió un discurso que sostiene que aquí el racismo no existe. Aquí cuando alguien dice «negro o negra» se refiere a personas de pueblos originarios, de barrios pobres, o afrodescendientes.